martes, 7 de agosto de 2012


Los más caros
Salomón Rondón ha protagonizado dos de los traspasos más caros de venezolanos en el exterior. Aquí, los cinco primeros.

10 millones de euros Rondón (Málaga al Rubin Kazan)
3,6 millones de euros Arango (Mallorca al Mönchengladbach)
3,5 millones de euros Rondón (Las Palmas al Málaga)
2,5 millones de euros Vargas (Caracas al Anderlecht)
2 millones de euros Rosales (KAA Gent al Twente) 

fuente  "Desde mi arqueria"

martes, 3 de julio de 2012


CRECIMIENTO VINOTINTO

En nuestro país está creciendo de forma rápida el apoyo a la Selección de Futbol Nacional, aunque Venezuela es conocida por ser un país cuya pasión deportiva principal es el beisbol, el futbol cuenta con un gran número de seguidores, fanáticos desde la liga española, premier league, bundesliga, la italiana, la argentina pasando por la alemana hasta la holandesa, dejando de lado el torneo apertura y clausura nacional. Pero hoy  en día eso está cambiando, se ve más afluencia de fanáticos en los partidos del torneo local, y un apoyo incondicional.

La Vinotinto es el nombre que se utiliza para identificar a nuestra Selección de futbol la cual representa a Venezuela en torneos oficiales internacionales,  su organización está a cargo de la Federación Venezolana de Fútbol, desde 1952 está afiliada a la FIFA y pertenece a la Confederación Sudamericana de Fútbol. Su debut se produjo el 12 de febrero de 1938 ante la selección de Panamá en los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe de aquel año. De las Selecciones de Sudamérica fue una de las últimas en organizarse, siendo la única de este continente que jamás ha clasificado para el Mundial, tiene 15 participaciones en la Copa América, la mejor posición en este torneo fue lograda en la última Copa efectuada en el 2011 conquistando el cuarto lugar y en el cual el centrocampista venezolano Tomás Rincón recibió el premio Adidas como Mejor Jugador de la Copa América 2011 superando a jugadores como Messi y Diego Forlan.

El excelente desempeño demostrado por la Vinotinto en dicha Copa permitió dejar de un lado la etiqueta de “La Cenicienta” del futbol, ganándose el respeto en cancha y dejando atrás el fantasma de la selección más  débil de Sudamérica. A pesar de no llegar a la final mostró su mejor cara, un equipo bien plantado en cancha, con orden táctico y  contundente a balón parado.
La evolución de la Selección se inicia y tiene su auge en el conocido "Centenariazo", juego realizado en el estadio Centenario de Montevideo  entre Uruguay y Venezuela el  31 de marzo de 2004, donde con goles de Gabriel Urdaneta (19'), Héctor González (67') y Juan Arango  (77') el Seleccionado Vinotinto dirigido por el DT Richard Páez golea 3-0 de forma sorpresiva al conjunto dirigido por  Juan Carrasco, conocida como una de las mas catastrófica derrota del balompié uruguayo rumbo a la eliminatorias de Alemania 2006.

"Esa noche ante Venezuela representó la primera vez en mi vida que quise que un partido terminara cuanto antes. Esa noche fallamos a años y años de historia en ese estadio donde a nadie le era fácil ganar. Resultó una mancha histórica para el fútbol uruguayo". Juan Ramón Carrasco, entrenador de Uruguay en 2004.

Fecha a fecha para el Mundial 2014

Comenzó la Clasificación de la Conmebol para la Copa Mundial de Fútbol de 2014, Venezuela llega de forma diferente a esta eliminatoria tras haber destacado en la Copa América 2011, siendo aceptada como un rival digno.

"Desde que estoy en la selección, jugar contra Venezuela nunca fue un trámite; el fútbol venezolano progresó mucho y hoy tiene futbolistas en buenas ligas de Europa, México y Sudamérica", señaló Forlán jugador de Uruguay días antes del partido contra Venezuela rumbo a la eliminatorias 2014.
     
Las dos primeras fechas fueron contra Ecuador  y Argentina, el debut frente a Ecuador dejo una derrota 2-0, luego en la segunda fecha contra Argentina, la Vinotinto rompe con todo pronóstico y consigue una victoria histórica ante la albiceleste dos veces campeona del mundo, con gol de cabeza de Fernando Amorebieta en el minuto 61 proveniente de un tiro de esquina del Capitan Juan Arango. En la tercera fecha ante Colombia con gol de Frank Fesltcher empata el encuentro  al minuto 79 permitiendo ganar un punto en la tabla, en la cuarta fecha al cabecear un tiro de esquina el defensa central Oswaldo Vizcarrondo se elevó en el minuto 26 para marcar el gol de la victoria. En la quinta fecha Venezuela visita el “Estadio Centenario” para enfrentarse ante Uruguay partido que queda igualado 1-1 con goles de Diego Forlan y el Vinotinto Salomón Rondón.
"No quiero magnificar lo que hemos hecho, pero Venezuela demuestra que estamos haciendo bien las cosas. Tenemos carácter y tenemos tigres también. A lo mejor este puntico es el que nos termina llevando al Mundial." César Farías, entrenador de Venezuela, tras la igualdad 1-1 frente a Uruguay.
En la sexta fecha Chile-Venezuela  el juego se calentó fuera del campo debido a  declaraciones dadas por ambos técnicos, El DT de Chileno, Claudio Borghi, manifestó que no le cae bien su homólogo de Venezuela César Farías, a lo que este le respondió que con el cariño de su familia y sus jugadores le es suficiente. Pero dentro de la cancha la Vinotinto cayó en casa 2-0 goles encajados en el minuto 84 y 90.

Mundial 2014/ Venezuela mantiene la esperanza mundialista

La Selección Nacional podría decir presente en Brasil 2014.
Se mantienen actualmente en la quinta posición de la tabla clasificatoria en las eliminatorias premundialistas, esto luego de la inesperada derrota ante Chile el pasado 9 de junio.

Sin embargo no todo está perdido y es que el equipo dirigido por Cesar Farías desde ya se encuentra preparándose para la próxima fase de eliminatorias que empezara el 7 de septiembre donde Venezuela se enfrentara a la selección de Perú. La oncena  llegara a este encuentro ante Perú en la quinta posición con 8 puntos acumulados mientras que el rival para la fecha cuenta con solo 3 puntos en la tabla.

La Vinotinto aunque se encuentra en la posición de repechaje para el Mundial, no deja de luchar y es que para el próximo encuentro esperan contar con sus mejores jugadores de talla internacional, mientras los demás se encuentran preparándose pese a que faltan poco mas de 2 meses para el encuentro contra el Alianza Lima de Perú.

OPINIONES ENCONTRADAS, HABLAN LOS EXPERTOS

Alexis Martin Tamayo, conocido como  “Mister Chip” en las redes sociales afirma que “24 de 33 países con sólo 1 derrota en los 5 primeros partidos fueron al Mundial en Sudamérica. Venezuela tiene 73% de opciones de ir a Brasil”.

Así mismo el DT Cesar Farías considera que la Selección viene haciendo un buen trabajo pese a la caída ante Chile, tres puntos que hacen que se lamente pero a su vez el sabor amargo de la derrota los hace prepararse con más ánimo y concentración para enfrentarse a Perú.

El diario La Verdad en su versión digital señala que: “Farías se mantiene invicto visitando el Centenario de Montevideo con dos empates en dos visitas, además de extender la racha a seis encuentros consecutivos sin caer derrotados ante Uruguay, mejor registro criollo ante una selección suramericana”

Expectativas 2014

Brasil 2014 es la esperanza tanto para la selección como para todo el país que considera que el futbol en Venezuela dio un cambio radical en cuanto a su calidad, lo que ha logrado crear respeto por La Vinotinto, actualmente cuenta con jugadores de gran reconocimiento internacional, una de sus principales figuras es el capitán de la Selección Juan Arango, milita en la bundesliga con el Borussia Mönchengladbach. De igual forma Nicolás Fedor, Salomón Rondón, Fernando Amorebieta, Andrés Túñez y Dani Hernández son máximos referentes vinotintos en la Liga Española.

Restan muchos encuentros difíciles sin embargo la concentración y el aporte de cada jugador vinotinto mantendrán viva la esperanza mundialista entre los seguidores del deporte rey y uno de los principales logros de este Seleccionado es el respaldo de su fanaticada.

                         


martes, 1 de mayo de 2012

Esta mañana "Como siempre" (Mario Benedetti )

1. A María Luisa no le agradaba que la interrumpieran. Por lo demás, a nadie le agradaba interrumpirla. Sin embargo, cuando esta vez descendió a referirse a «esa tonta de Clara», y, empuñando el cigarrillo como una batuta, quiso comentar con grosería sutil y llevadera, el apasionamiento con que aquélla defendía su tranquilidad, Roberto no pudo contenerse. -No la imagino a Clara apasionada -dijo-. Por lo general, los que defienden su tranquilidad, son los que están lejos de su propia furia. Ya sé, no estás de acuerdo. Pero yo considero que si existe un reducto feliz sobre la tierra, no debe ser de los inquietos. -Oh, querido, naturalmente... Cuanto más lejos de la tormenta, mejor. Se aprecia el espectáculo sin abrir el paraguas. Nunca saldrás de ese centro tranquilo, a menos que halles la bomba debajo de tu silla. Aún sobrevivía en María Luisa un rito adolescente. Siempre que reaccionaba como ahora, recurría a imágenes de alguna estridencia, hechas para una acústica más que familiar. Allí, sin embargo, donde las paredes merecían sus libros, donde los pocos cuadros no eran cansadores y uno podía, sumergiéndose en los tímidos sillones, quedarse del otro lado del bullicio, esas palabras se tornaban gritos, y todos -mobiliario y personas- se miraban con un poco de pánico. -Posiblemente en mi quietud -dijo Roberto-, en mi centro tranquilo, haya más actividad que en todas tus inquietudes. Te movés siempre. ¿Nunca te hace falta un apaciguamiento? Había estado a punto de decir: «¿Nunca te pide el alma un apaciguamiento? », pero sabía que María Luisa tenía reacciones particulares frente a algunas palabras. En cambio, agregó: -Además, no deja de dolerme que trates tan poco amablemente a Clara, que aunque te parezca irremediablemente estúpida, tiene mucho de lista en eso de no discutir contigo. -Más que vos, por lo visto. Él la miró entristecido, como buscando en ella algo a que asirse, algo en que confiar para -tan sólo eso- apostarse a la espera. -Más que yo, por lo visto. Roberto no tenía interés especial en defender a Clara. La apreciaba, sin duda, porque era muy callada, pasablemente música, bastante sincera. No era bonita ni -a primera o segunda vista- tampoco simpática. Lo mejor que podía conocerse de ella, aparecía recién a los varios meses de trato cauteloso. Roberto, que así la había tratado, reconocía en ella cierta impermeabilidad al enojo, cierto gusto de ampararse en su ambiente interior y una evidente atracción por el estudio racionado y severo. El reconocimiento de tales cualidades no había bastado, empero, para acercar a Roberto. Se sentía mejor si había entre ambos, cuando menos, alguna habitación de por medio. Tampoco tenía Roberto un interés especial en atacar a los inquietos. Ni -en el caso de atacarlos- de incluir entre éstos a los famosos inquietos de espíritu. La inquietud del espíritu, así, como frase, como lugar común, era algo que no llegaba a comprender del todo ni se esforzaba en ello. Le parecía que para que su parte anímica funcionara normalmente, el individuo debía llegar a la paz interior. La paz interior y, de ser posible, también exterior, es decir, lisa y ecuménicamente, la tranquilidad, constituía para Roberto un esbozo tal de lo feliz, que se hubiera sorprendido de alcanzarlo algún día. Así de lejana llegaba a parecerle la aquiescencia del destino para semejante anhelo. Creía, como decía uno de sus ingleses preferidos, que las libertades particulares se gozan a condición de cierta forma de esclavitud general, y, sin que pudiera evitarlo, notaba cierta bambolla en el lujo de libertad con que se abrían paso los inquietos. Al fin de cada historia, se hallaba con que todos caían en un cogollito y comenzaban paulatinamente a suspender sus explosiones aisladas, espontáneas y particulares, para integrar alguno de los muchos coros disponibles. Y desde el momento en que el armatoste social se organizaba como ópera italiana, la libertad pasaba a ser un estribillo que quedaba muy bien en la voz del tenor ligero, y arrancaba alaridos, aplausos y pataditas de delirio allá en la galería. Por eso le parecía preferible soportar la esclavitud general y defender su libertad particular, a tolerarse reclamando una libertad sin límites ni aplomo, demasiado general para ser asequible, demasiado altruista para no ser armada egoístamente. Como libertad particular, la tranquilidad era un estado ideal, el único, finalmente, en que el espíritu tenía derecho a revelarse inquieto. Esta vez, su estallido mental había sido contemporáneo de otro intuitivo y ambos habían tenido por objeto a María Luisa. Pero ni durante el brevísimo, casi instantáneo proceso de intumescencia, ni durante la apenas esbozada discusión, tuvo Roberto tiempo y serenidad suficientes como para darse cuenta de cuánto se le había revelado. Ahora sí lo sabía. Había deseado que María Luisa lo traicionara. 2. Hubo un silencio de tres horas. Después de la cena, María Luisa, ya no tan convencida de su indignación, se demoró tejiendo. Pero Roberto se fue al café. El café, como ritual, como misterio masculino, tenía para Roberto dos colores de atracción. El de sus momentos solitarios (cuando, aislado en la niebla perfimiada que despeclía el pocillo, llegaba inconscientemente a conquistar cierto aspecto de visionario beatífico) y el de sus espaciados encuentros con Asdrábal y Jaime, prolongados por lo común hasta la madrugada, cuando, cada vez más desvelados, cada vez más despiertos, se aventuraban -sin método y sin meta- hacia temas elásticos, limpios, potenciales. Veinte años atrás, se habían reunido allí durante una huelga de estudiantes, mientras los otros derrochaban inútilmente la valentía del asueto en una grita empalagoso. Tuvieron épocas malas y épocas peores, en las que debían hacer treinta cuadras a pie (cuarenta, en el caso de Jaime) para ganar, con el ahorro del tranvía, el derecho de permanencia en el local. Tres cafés. Durante años, tres cafés. A poco de casarse, Roberto y Asdrúbal dejaron de estudiar. Jaime se doctoró en derecho. No obstante, siguieron viniendo dos o tres noches al mes. Las diez y media. Todavía quince minutos de soledad. Hay que aprovecharlos. Aprovecharlos es sacarles el menor provecho. Dejarse estar. Ver. Escuchar. Al mirar hacia la izquierda, cierta presencia física le provoca un choque. A los treinta y cinco años no alcanza a recordar que él, a los veinte, haya sido tan ridículo como ése, tan inconsciente fantoche. (Alto, pelirrojo. Ojitos de ternero y patillas largas, color zanahoria. El pelo levantado en una instantánea de gomina, desafiante como un gorro ftigio. No está solo. Tiene su corte. Él y la corte hablan de automóviles. De la cuarta para carreteras, del faro piloto, de la banda blanca, del neblero, de las espigas en el paragolpe, del buscahuellas, del ... ) Roberto fuma y piensa en María Luisa. Busca referencias sobre la historia de este enfriamiento. Nada. Aquello se hizo solo. Empezó un poco antes de la muerte del chico. Como si desde entonces ya lo vislumbraran. Que ese puente nada unía. Después del accidente, las cosas empeoraron. No era dolor. En el caso de Roberto, debido a que el hijo había sido absorbido por la madre y él se encontraba fuera de su mundo. En el de ella, porque no podía ni quería evitar un estremecimiento de egoísmo al hallarse sola frente al posible amor de Roberto. Naturalmente que al sentirse sola, sin el auxilio de la competencia que había representado el pequeño Andrés, aquel amor había dejado de interesarle, porque en la puja de. sentimientos sus propios celos le servían de estímulo. Cuando la encontró, hacía once años, ella era novia de Jaime. No exactamente novia. En ese entonces, ellos no tenían -ni podían tener- novias. Apenas si disponían de lo suficiente para sobrellevarse a sí mismos. Pero algunos tenían amigas. Desde el más restringido significado sexual hasta el otro más amplio y afectivo. María Luisa era amiga de Jaime. De parte de éste, en el sentido amplio y afectivo. De parte de ella, ni ella misma sabía en qué sentido. Simpatizaba con Jaime, lo deseaba moderadamente. Leían a Baudelalre, festejaban a Nietzsche, se burlaban de Dios y de Renan. Se les veía juntos bastante a menudo. Recorrían la Rambla, iban a la Biblioteca, entraban por un rato en la iglesia del Cordón. Roberto'lo sabía. (El de las patillas zanahoria y el gorro frigio lleva a su grey por otras sendas. Diez minutos de fútbol, diez de cine, diez de política, diez de cualquier cosa.) Ahora volvía a paladear su culpabilidad. Siempre que veía a Jaime, eso se le renovaba. Se le renovaba también la duda. No quería ser injusto consigo mismo, pero dudaba. Por aquel entonces tenía pensado no casarse con ninguna mu'er a la que deseara demasiado. Le parecía poca garantía y -sobre todo- poca previsión. No obstante, desde el momento en que vio a Jaime con María Luisa, se dio cuenta de lo que empezaba a madurar. A madurar en él, naturalmente. Se dio cuenta, se estudió durante un cuarto de hora y se dijo: «Eso nunca.» Después se descuidó. Cuando el «eso nunca» se transformó en «eso no», pudo apreciar la diferencia que va de la negación total a la simple negación. Suave, torpemente, comenzó a sorprenderse acechándola. Como ella, en cambio, no se sorprendió en absoluto, Jaime renunció sin lucha ni vergüenza. Roberto estaba casi seguro de que Jaime no le guardaba rencor. En realidad, entre éste y María Luisa no había mediado nada, ni siquiera palabras comprometedoras, que después de todo son el nudo más fácil. Jaime renunció, dio su enhorabuena y siguió estudiando. Cuando se puso su tristeza, vio que le quedaba un poco grande. A los veinte días estaba otra vez leyendo a Baudelaire, festejando a Nietzsche. Pero sólo se burlaba de Renan. (Silencio. El guía sonríe. Los demás esperan. Uno, por decir algo, pide el cuarto café. Otro, que reforma la ajena inspiración y la aprovecha, pide un «cortado». La reunión se desmaya. Ya nadie tiene nada que decir. Pero como se quedan siempre hasta las doce ... ) 3. Hacía ya mucho tiempo que el amor había quedado en tontería, y bastante también, aunque no tanto, que la tontería había quedado en frialdad. El paso siguiente podía llegar al odio. Ahora mismo, sin arraigo aún y sin motivo, el odio hacía visitas tímidas, espaciadas, pero suficientes para ir formando el hábito de retirar a medias la confianza. María Luisa no había cambiado mucho. ¿Qué pasaba entonces? Todos -¿cuántos eran todos?- la encontraban tan alegre, tan completa, tan valiente, tan sencilla, en fin y concretando, tan ricura como antes. Ni ella se creía ingenua ni los otros la creían tal. Ni demasiado doméstica ni demasiado intelectual. Había cambiado los ídolos siempre que fue oportuno. De Baudelaire había llegado a Valéry, de Nietzsche a Camus. Estrictamente al día. ¿Dónde quedaba el pobre Roberto, con su entusiasmo por los tartamudos en la novela inglesa, desde el Brian de Huxley hasta el Anthony de Waugh? En el orden doméstico, hoy trabajaba tan poco como antes, y si sus relaciones con la' servidumbre eran de menor tirantez, eso era debido en buena parte a la filosofía solapadamente jocosa con que las últimas chicas habían encarado el asunto. Daba gusto verlas trabajar, obedecer, divertirse y robar. Todo eso no llegaba a fastidiar a Roberto. Pero, en rigor, ¿qué le fastidiaba? Le fastidiaba, por ejemplo, una discusión insulsa como la de esta tarde, una discusión como ésa, pesadamente familiar. Lo que había dicho sobre los libres y los inquietos, representaba sólo aproximadamente lo que había pensado, pero aun así lo representaba bastante bien. En realidad, lo mismo habría sido decir: «Estoy descontento», que discutir sobre furias a propósito de Clara. Sí, estaba descontento, confusamente descontento. Con María Luisa, consigo mismo. Letparecía haberse vuelto demasiado respetable y carecer de los medios legítimos para quitarle empaque a ese respeto. Por lo demás, estaba poco acorazado para habérselas con sus propias reacciones. De ahí que la sola presencia de María Luisa le provocara una especie de calambre mental. En el subsuelo de su vida matrimonial debía haber sin duda un desperdicio de conciencia del que a veces le llegaba alguna oleada fétida. -Hola. Tuvo que sonreír cuando, intimidado, sintió la mano de Jaime sobre el hombro. -Hola. ¿Y Asdrúbal? Era la última esperanza. Podía haber pestañeado, pedido otro café, complicado las cosas. Pero quería salvarse de una entrevista a solas con Jaime. 0, por lo menos, saber a qué atenerse. -Asdrúbal me avisó que no viene. Que no viene. Ah. Siempre había pensado que algún día tendría que faltar Asdrúbal. Pero ahora... -Es la primera vez que falla uno. -O que fallan dos... Eso lo dijo por algo. Entonces él también esperaba la oportunidad. Eso lo dijo por algo. Tenía los ojos demasiado brillantes, los labios demasiado firmes. Jaime se puso a hablar de política. Mejor. No era un tema embarazoso. Pero al cabo de una media hora de escuchar las opiniones de Jaime sobre la libertad de prensa, la situación en los Balcanes, y el voto femenino, Roberto se escuchó diciendo: «Parece increíble. Ni remotamente podés imaginarte con qué pensamiento avergonzado estoy jugando. » Hipócrita. Uno respira y se siente hipócrita. -Oh, no es tan difícil. Siempre te has sentido culpable frente a mí. -¿Frente a vos? -Sí. Te imaginas que me la quitaste. Insoportable. Que lo diga así, sin preámbulos, sin asco, sin enojo. -¿A María Luisa? Estás loco. No pensé qué... -Podés estar tranquilo. No había nada. -Ya lo sé, ya lo sé. Por eso te digo que estás loco. Llegó la sonrisa de Jaime y Roberto se sintió inesperadamente ridículo. Tenía la boca con saliva amarga. Cuando empezó a hablar, era ya de otra cosa. (El grupito se levantó a las doce en punto. Primero pasó el guía, luego los seis discípulos. Ceñidos, bostezantes, intercambiando mimos.) 4. Era humillante pensarlo. Cuando el chico había muerto, ellos se habían encontrado por primera, por única vez, tal como eran, tal como no predicaban ser. Roberto se imponía ahora el recuerdo del rostro de María Luisa, de aquel sin cólera y sin dolor, sitiado en sus contornos por los corderitos del empapelado. La mueca de indiferencia, de ganas contenidas, de seriedad en hilvanes, había sido insufrible y compacta, sin un solo resquicio para la duda en ciernes, ara la duda mansa, vulgar, salvadera. ¿Y eso era un rostro de mujer? El, que era el hombre y por lo tanto no debía traicionar su abolengo de ojos secos, él, que había sufrido derrotándose, sintiendo -no sabía dóndechasquear el dolor como un látigo, él había condensado su angustia caudal en un tibio y constante hilo de lágrimas. Y nadie había sabido el consternado fastidio, el fastidio sin cálculo, irresistiblemente agudo, con que obtuvo la serenidad indispensable y repasó, enumerándolas, sus decisiones. Una cosa era cierta. Ese mismo día o más adelante, no importaba la fecha, dejaría a María Luisa. No exigía nada en el presente, pero necesitaba a toda costa un futuro sin ella. Un futuro sin ella. Consigo mismo. Aún mucho tiempo después, aquel rostro de María Luisa rodeado de corderitos, en el cuarto del hijo, había permitido la evolución normal de su fastidio. Necesitaba representárselo para animarse. Hoy había deseado que María Luisa le traicionara. Con cualquiera. No era virtud de cornudo magnífico; era, simplemente, su egoísmo. Sobornar al examinador para terminar antes la carrera. Pero a la vez se había sentido generoso como un proveedor de futuros. Ningún accidente, ninguna enfermedad, ni siquiera la muerte. Sólo verse libre. 5. Roberto contemplaba sus propios pasos. Siempre había tenido la supersticiosa diversión de esquivar determinadas baldosas, a las que iba señalando inconvenientes, improvisando augurios. Pero ahora no ponía ningún esmero. Pisó una de las prohibidas y ella dio un grito delicioso, pero corto, sin ecos. La calle estaba sola. Se puso a pensar en las cosas ridículas que había leído sobre las aceras solitarias, sobre la medianoche, sobre los faroles, y se sintió capaz de avergonzarse por ellas. La calle estaba quieta como en un cuadro. Acaso estaba orando, acaso estaba arrepintiéndose de todos los automóviles, de todos los caballos, de todos los tranvías con que había pecado en la jornada. Cuando iba pensando el tercer disparate, su otra memoria reconoció la puerta. Halló que su casa -además de la verja con encaje, del patético jardín de cámara, de los balcones como palcos, de todos los otros síntomas de su actual y embarazoso prosperidad económica-, halló que su casa era asimismo una idea poco satisfactoria. ¿Qué le esperaba? Ni siquiera el hijo. Ni siquiera el hogar. La actitud de Jaime había sido un obstáculo. Él había querido, a la vez que darle una oportunidad de perdonar, darse también una oportunidad de quedar al día con los escrúpulos. Pero el otro no había querido reconocerle la culpa. Sencillamente, le había tornado el pelo. A él le quedaba el problema de qué hacer ahora con el pasado. No era cosa de alimentarlo en silencio ni de estrangularlo. En el café se había sentido bruscamente sin amistad. Quedaba Asdrúbal. Sí. Pero la certidumbre aminoró el deleite. Quedaba Clara, con sus lamentables y místicas virtudes. No. Ni siquiera estaba seguro de quedar él mismo para la amistad o para el amor. Su iricomunicable silencio se estiraba en la calle. Cuando escogió la llave, se sintió cobarde y desatinado. Y, a pesar de todo, indiferente. Recordó al grupito del café. Ellos se asían por lo menos a un vínculo, precario, estúpido, pero casi feliz en su medianía; ellos no estaban solos. ¿Para eso había sostenido exigencias? ¿Para ser menos feliz que un fantoche? ¿Dónde estaba la intimidad en que refugiarse, la vida ajena- que justificara la propia? Como siempre, cerró la puerta con cuidado. Había luz en el comedor. Había, como siempre, sobre la mesa, queso y dulce, galletas, leche fría. Comió sin recompensa y sin hambre. Miró los avisos del diario de la noche, recorrió las noticias. Bostezó en tres etapas, triste de desaliento. Cuando entró al dormitorio, María Luisa dormía. Los ronquidos la sacudían a veces como una carcajada incontenible. Roberto comenzó a desvestirse. Como siempre, puso la corbata sobre el saco, los gemelos junto al vaso con agua. Fue la impremeditado caída del segundo zapato lo que la despertó. El último ronquido tuvo cierta emoción. Luego, abarcando la escena desde un solo ojo, murmuró: «¿Qué tal, querido?» No esperó la respuesta. Salió al encuentro de la próxima modorra. Como siempre. «¿Qué tal, querido?» o la reconciliación. Por un momento sintió envidia de los pobres diablos que hablan de la patrona y le llevan cada sábado una torta con merengue. Cuando estalló en el reloj del comedor la acostumbrada campanada, comprobó -como siempre- la exactitud de su reloj. Entonces notó que era demasiado tarde. Como siempre.

lunes, 12 de marzo de 2012

Sueño Despierto (Utopía)

Justiciar, es la tierra donde vivo, adornada de inmensos paisajes que parecen sacados de una postal. En la cual todos sus habitantes conviven de manera feliz, formando una familia a pesar de no existir los lazos de sangre. Y es a través del respeto que logramos el equilibrio entre todos los seres vivos. Aquí estoy, y pienso en este lugar tan perfecto y único, completamente lleno de vida, con la vegetación más verde, con los arboles más altos, contemplando el extraordinario cielo azul, escuchando el canto de las aves, sintiendo la brisa en mi rostro, oyendo la dulce agua caer, respirando el aire puro, disfrutando de mi impecable paraíso con su inmortal sol, pero de pronto renacen las candelas en mis ojos, me despierto y sigo condenado en la eterna noche turbia y oscura, incrustado en el hueco donde caí, después de mi infame sepultura. Y me pregunto ¿Por qué sigo aquí, en el infierno?

martes, 6 de marzo de 2012

Criando a mis futuros jefes (Historias Cruzadas; The Help)

Es una película estadounidense dirigida por Tate Taylor y basada en la primera novela de Kathryn Stockett (The Help) “La ayuda”, ambientada en Mississippi en la alta sociedad sureña de los años 60, que nos relata la historia a través de testimonios de amas de casa de “color”, que eran discriminadas por la alta sociedad de “blanquitos”. En la mayoría de las escenas podemos evidenciar la humillación hacia las criadas, una de las principales es cuando la mujer de servicio desea ir al baño pero no puede salir porque hay una fuerte tormenta, le pide a su patrona para usar el baño de ellos y este le es negado, en donde los criados no pueden usar el mismo que el de sus jefes.

La vestimenta utilizada es acorde a la época en la cual se desenvuelve, bastante creíble tomando en cuenta la excelencia en las actuaciones, desde Emma Stone y su pasión por el periodismo (Skeeter); como la elocuente actuación de Olivia Spencer (Minny, ganadora del Oscar por la interpretación de este personaje); y la demostración de dignidad y coraje interpretado por Viola Davis (Aibileen); permitiendo así que el papel protagónico se pasee entre los distintos roles.

La fotografía, la iluminación y la musicalización hacen de este film un viaje al pasado, esto lo podemos comprobar en las escenas de la iglesia de las personas de color y en el baile de la alta sociedad. En esta historia también observamos como “las criadas” son las encargadas de criar y cuidar a los bebes de sus amos, niños que en el futuro serán sus próximos jefes, algo un tanto contradictorio y de doble moral, ya que le dan la responsabilidad del bienestar de sus hijos, pero con el mismo racismo y desprecio. Lo que lleva al inicio y a la gran interrogante “¿Qué se siente criar a un niño blanco cuando alguien más está cuidando a tu propio hijo?”

En conclusión, es una fuerte crítica sobre el racismo y la discriminación, que a pesar de no ser tan fuerte como en el pasado todavía se vive, dejando de igual forma un mensaje de tolerancia y mostrando que a través de la valentía este grupo de mujeres logra romper los paradigmas, dándole voz a quien no la tiene, una historia para reflexionar y al mismo tiempo reír, como olvidar la escena del “pastel”, la recomiendo.

Solo Frases GC




-Transeúnte precoz del amor y forastero de lo eterno..

-Me complementas de tal forma que al recordarte siento como los pedazos de piel vuelven a su sitio, pero por algún motivo o razón sigo caminando de forma desfragmentada…”

-La Inteligencia Artificial como mecanismo de defensa..

-La utopía es la idealización propia que jamás será real sólo ficción que exploras en tú mente...

-A ti te ofende lo que escribo, a mi me ofende tu ideología prefabricada...

-y ahora que voy a mi encuentro, espero no estar totalmente perdido..."

-en el ajedrez de la vida, no quiero ser un perdedor, al final soy un duro peon..

-Destino matame en el tiempo, pero hazlo lento porque siento que lo merezco..."

-No le importa tu auto, tu sueldo ni tu "potencial", lo que YO le hago sentir, TU NO lo logras ni a la mitad ... 


Cuéntame musa... Musa de tantos genios ...

jueves, 27 de octubre de 2011

Otro

"Quisiera saber todas las palabras que existen" siempre empiezo con esta frase, pero al tener un conocimiento extenso de todas, tendría la certeza de explicar con cada verbo lo que siento, quisiera poder escupir toda esta rabia, irá, tristeza, nostalgia, dolor que se junta dentro de mi, que me invade y que me transforma en una niña con argumentos ilógicos juzgando a quien se atraviese en mi camino, a quien para mí, forma parte del complot de destruirme la tranquilidad que por derecho deberíamos tener todos. Pero tal vez yo sea una más que estorba en la vida de otro. Nunca nadie me a preguntando que si pudiera ser otra persona quien sería? , típico que todos réspondemós a los " grandes" quien no quiere prevalecer en la historia y crear algo que le dé sentido a esta humanidad que se consume en la política absurda y en un materialismos real con sueños americanos que no nos llevarán nunca al "home sweét home" ... Pero mi irá no va hacia al mundo y lo más seguro es que me corresponda a mi misma, quien toma las decisiones de mi propia vida quien más no? yo verdad? , como dejar lo mejor que he tenido, tal vez pórq no me sentí tan grande como aquello que me pertenecía y del cual nunca sentí mío, quizás por temor... Ahora eso grande se queda con la basura que desde hace tiempo me di cuenta que no sirve esta miseria de persona que abunda en este planeta, del cual me quiero ir...